Imagina una [[obrera]] que ha triturado madera y la ha procesado en su [[intestino]] posterior, donde millones de [[protozoos]] flagelados descomponen la [[celulosa]] en nutrientes asimilables. Cuando otra termita necesita alimentarse, se acerca al extremo posterior de la obrera donante y, boca contra ano, recibe una gota viscosa del contenido del intestino posterior: el alimento proctodeal. Este fluido no es un excremento cualquiera; es un cóctel espeso de nutrientes parcialmente digeridos, partículas finísimas de madera y, sobre todo, una carga viva de [[microorganismos]] simbiontes.
Los beneficios de este intercambio son vitales para la [[colonia]]. Las larvas recién nacidas carecen por completo de [[protozoos]] en su tubo digestivo, y las [[termitas]] que acaban de mudar también los pierden. Solo mediante la trofalaxia proctodeal pueden adquirir los simbiontes que les permitirán digerir celulosa por sí mismas. Además, el reparto de este alimento elaborado garantiza la nutrición de castas dependientes —[[soldados]], reproductores y [[ninfas]]— que no pueden alimentarse de madera directamente, consolidando así la interdependencia social que sostiene el termitero como un superorganismo.
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