Puede parecer contradictorio, pero lo mejor que puede hacer es **no intervenir por su cuenta**. Permítame explicarlo.
Las [[termitas]] subterráneas proceden de un termitero situado bajo tierra, al que no tenemos acceso directo. Si usted las molesta —retirando tapajuntas, arrancando marcos afectados o aplicando insecticidas domésticos— conseguirá que desaparezcan temporalmente de la zona tratada, pero no habrá resuelto nada. El origen del problema seguirá intacto.
## El riesgo de actuar sin asesoramiento
Peor aún: al aplicar insecticidas convencionales, las termitas detectan la amenaza y se dispersan hacia otros elementos de la vivienda que contengan [[celulosa]] —maderas, cartones, aglomerados, DM, papel…—, ampliando el área afectada en lugar de reducirla.
Es comprensible que, al descubrir termitas, la reacción inmediata sea aplicar algún producto. Si ya lo ha hecho, no se preocupe, pero **deténgase ahí**. No haga nada más y contacte con un profesional que pueda evaluar la situación y diseñar la estrategia adecuada para su caso.
## Los cebos: la solución más eficaz
Los tratamientos más efectivos contra las termitas subterráneas se basan en la **técnica de cebos**. Este sistema aprovecha la propia biología de las termitas: son las [[obreras]] quienes distribuyen el principio activo al interior de toda la [[colonia]], logrando su eliminación desde la raíz.
Para que los cebos funcionen de forma inmediata, es imprescindible **conectar con la colonia activa**. Y para ello necesitamos que las [[termitas]] sigan presentes y activas en los puntos donde las ha detectado. Por eso insistimos: **no las moleste**. Cada intervención sin criterio técnico dificulta —y encarece— el tratamiento definitivo.